¿Qué quedará del día después del diálogo?

Esto lo escribí yo hace más o menos año y medio, pero creo que sigue teniendo cierta relevancia en la política española actual:

En las últimas semanas no puedo evitar pensar en aquel personaje creado por Kazuo Ishiguro, Lord Darlington, en “Lo que queda del día” y el diplomático estadounidense interpretado en la película del mismo nombre por el recién difunto Christopher Reeve. Lord Darlington era el prototipo inglés noble que creía sobre todo en las buenas maneras y la buena fe de la gente. Según el británico, el Tratado de Versailles había sido injusto con los alemanes, pero el talante y el diálogo sí podían resolver las tensiones que existían en Europa con Alemania. Así, en vísperas de un nuevo conflicto con los germanos, Lord Darlington invita a un grupo selecto de europeos nobles e importantes, junto al diplomático estadounidense a su Darlington Hall para llegar a un consenso sobre la situación de Checoslovaquia. 

Entre darse cariñosas palmadas en la espalda, fumar sus puros, cenar de cine, y bañarse en su noble diálogo, la vieja escuela de caballeros europeos entrega Checoslovaquia a Alemania. El norteamericano, así como el poderoso Superman, se levanta de la mesa rompiendo con las buenas formas de tan elegante sobremesa y se pronuncia asombrado:

“Ustedes son, todos, unos aficionados. Y los asuntos internacionales jamás deberán ser gestionados por aficionados. ¿Tienen alguna idea del tipo de mundo que se está formando a su alrededor? Los días en que podrían actuar simplemente por sus instintos nobles se han acabado. Europa se está haciendo un foro de realpolitik, la política de la realidad.” Lord Darlington le responde fuerte pero con tono sereno: “Pues, no tengo ninguna intención de discutir sobre este tema, en nuestra última noche juntos. Pero permítame decir esto: lo que usted describe como aficionadísimo, es lo que yo pienso que la mayoría de nosotros aún preferimos llamar honor. Y intuyo que su profesionalismo significa codicia y poder, en vez de buscar que la justicia y bondad prevalezca en el mundo.” Sin embargo, el talante de unos aficionados permitió a los alemanes aprovecharse de tal justicia y bondad. El resto es ya historia, y según la novela de Ishiguro la historia fue cruel con Lord Darlington y los que le sirvieron.

En la actualidad me confunde tanto afán por el consenso y el diálogo, como si ambas palabras representasen soluciones concretas a problemas mayores. La democracia exige consenso, el consenso se logra por medio del diálogo y sin talante el diálogo es inútil. El consenso es uno de los principios de un sistema político estable, maduro y fuerte, pero jamás debe convertirse en la ideología o fin principal de un grupo político. La transparencia en los procesos previos a una legislación o en el toma de decisiones de un jefe de estado es sin duda una parte fundamental en los procedimientos de una democracia. Así cuando ya llega el momento de tomar una decisión o promulgar una ley, si hubo o no consenso o diálogo ya es un debate irrelevante. Porque en una democracia representativa, nosotros los ciudadanos elegimos a aquellos políticos para que defienden las políticas que representen nuestros intereses con o sin un diálogo que compromete ese interés. De hecho, un grupo mayoritario por definición ni debería ni tiene la obligación moral ni democrática de buscar consenso o diálogo. Al contrario, podría comprometer su mandato. 

Reitero que el consenso no puede ser el fin de un partido político. Porque cuando la política de un país está en manos de unos aficionados y unos “Yes Men” se convierte en una política de inexpertos donde los tiburones están afiliándose los dientes listos para devorar todo lo que pasa en frente de sus narices. Hoy en día, España cada vez nada en un mar más grande tanto dentro y fuera de su país. En el puzzle europeo y en la política internacional, el gobierno pide volver al eje franco-alemán (¿desde cuándo ha habido un eje franco-alemán?), volver a Europa, o que delegar a la ONU. Pero eso parece ser la única política del gobierno, que decidan otros. Si el gobierno no opina y no deja claras sus posturas, no tiene con quién dialogar sino simplemente entregar la decisiones a terceras personas.

Poco a poco estamos siendo testigos a que el diálogo, la buenas intenciones y el talante crean el foro perfecto para que los nacionalismos y los países grandes europeos puedan hacer lo que quieran con España. Mientras unos repiten “consenso” y “diálogo” los otros se llevan lo que quieran cuando ya es demasiado tarde reaccionar. Espero que quede algo después de nuestros días de diálogo.    

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